el club de las buenas madres

Cuando vivía en la ciudad, era común llevar a mi hijo a la plaza. En ese entonces era pequeño, gateaba  a su manera particular y ya era un explorador intrépido.

Aunque mi hijo lo pasaba genial había algo que no terminaba de gustarme, algo que me mantenía incomoda. Una sensación extraña, como que alguien me observaba y allí en ese pequeño oasis verde al otro lado de la calle conocí a “el club de las buenas madres”.

No sé si ustedes han tenido el privilegio de conocerlas, pero ahí están en cada rincón acechando, observandote de pies a cabezas, susurrando y riendo mientras te señalan con el dedo.

Nunca logré confirmar si era paranoia propia de la lactancia o eran un grupo real, donde miraba las veía. Bien peinadas (pelo perfecto, sin vomito, sin canas, super brillante…osea tienen tiempo para peluquería), bien vestidas (ropa impecable, super guapas, a la moda, sin vomito, sin manchas de pintura, sin salsa de tomate…), super alegres y dichosas, algunas con unos maridos super guapos y encantadores…etc. En fín, son esos momentos en que tu sales a la calle 3 horas después de que te lo propusiste, te pusiste lo primero que encontraste, te vomitaron encima. Te vuelves a cambiar, te hueles y el único aroma que sientes es el de las toallitas para limpiar culitos que quedó en tu mano, y adivina a que relacionas ese olor; pues a (me voy del tema).

Volvemos a la plaza. Están tu y tu peque disfrutando de el aire libre citadino. Tu hijo que gatea, ya está hecho un desastre, pero está felíz, come pasto y ríe , tiene la cara negra y se lo pasa super jugando con un palito y un tetrabrick vacio.

En un acto de madre progre y experimental , le quitas el tetra para lavarlo en una fuente cercana. Caminas hacia la fuente y notas miradas punzantes, con lo que caes en cuenta que tu hijo lactante se queda solo en el suelo haciendo quizás que. Disimulas y lo agarras bajo el brazo tipo balón y caminas hacia la fuente con el tetra en una mano y el niño-balón bajo el otro brazo (está incomodo y empieza a llorar)…risas a lo lejos.

La fuente no funciona, después de varios malabares te das por vencida, el niño quiere su caja y tu le explicas (por que somos muy pacientes y nos encanta explicarles todo) que no puede jugar con la cajita , que está muy sucia, que tiene bichos, que se va a ensuciar (como si le importara)…etc, hasta que llegas a la horrible palabra que me odio a mi misma cada vez que la digo: porque tiene caca!! fin de la discusión, le ofreces un palo (el cual tiene mas posibilidades de tenerla) y el niño vuelve a su estado de felicidad.

Te percatas que dejaste el cochecito, con la cartera, la muda, la merienda, las llaves de la casa y el celular al otro lado de la plaza, cerca del grupito de mamis.

Las cuales te están observando en manada, contacto visual.

Una de ellas te encara y te pregunta si el carrito es tuyo (ya lo saben por cierto), asientes, te trasladas con niño y palo lentamente como si no te importara (disimuladamente intentas ver si la cartera está), ellas te siguen mirando en manada como las Suricatas.

Cuando llegas al carrito y verificas que está todo, te das cuenta que tu hijo se hizo encima, que lo tienes que mudar y el único banco está ocupado por las super chicas.

Una te habla, te acercas con el peque en brazos y el carro en el otro, observas mientras te hablan, que ellas no llevan tanta cosa y tu pareces un equeco con olor a toallas húmedas.

Te cuentan que el otro día a una madre le robaron todo por descuidarse, aprovechan de pelarla . Me preguntan que de donde soy, cuantos años tiene el niño, porque no camina aún, que si fulanito caminaba a los 10 meses que si fulanita ya leía a los 2 etc.., empezó el blablabla a sonar en mi cabeza así que no recuerdo mucho, espero haber puesto mi sonrisademadreatentaqueteescuchaperonoleimportaloquedices , como a la pediatra (otro tema). Mientras, pensaba si el olor de mi hijo lo sentirían tan fuerte como yo… Me despido cortesmente y nos vamos a casa, a lo lejos, risas.¿ Será la paranoia?05

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Aunque mi hijo lo pasaba genial había algo que no terminaba de gustarme, algo que me mantenía incomoda. Una sensación extraña, como que alguien me observaba y allí en ese pequeño oasis verde al otro lado de la calle conocí a "el club de las buenas madres".
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Valentina

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