Como afectan nuestros gritos a los peques

Leyendo un interesante artículo de la psicóloga Monica Serrano, especialista en psicología infantil y crianza con apego. Reflexioné sobre las veces en que le levanto la voz a mi hijo mayor ya sea para alertarlo de algún peligro, para regañarle o simplemente para imponerme ( muy mal me dije). Y es que son muchos los momentos en que una ya no quiere o no puede ser mas paciente o incluso el hablar cuesta, una está literalmente exhausta y a lo mejor el grito corto, directo y preciso es la salida mas airosa y rápida para cualquier situación.

La verdad, es que muy lejos de justificarme, siento que nunca es tarde para aprender y cambiar conductas por otras mucho mas gratificantes para mi hijo, para mi y para construir una sociedad mejor.

Accusing

La Dra. Monica expone que las consecuencias para todo niño, cuando tenemos una explosión de ira sobre él, son consecuencias emocionales muy negativas: miedo, inseguridad, ira, agresividad, indefensión, tristeza, frustración.

De este modo, cuando utilizamos una explosión agresiva de la ira para controlar su comportamiento o para eliminar actos o actitudes del niño, estamos consiguiendo controlar las acciones del niño a base de atemorizarlo, asustarlo elevando el tono, utilizando un gesto agresivo, y esto para el niño es tremendamente negativo porque le genera mucha inseguridad.

Así, en realidad, cuando expresamos reacciones airadas hacia nuestros hijos (gritos, expresiones agresivas, amenazas…) estamos tratando de infundirles miedo para que cambien su comportamiento.

Lo que conseguimos, de esta manera, es que el niño reaccione motivado por el miedo y esto tiene consecuencias muy negativas sobre su desarrollo emocional.

Su madre, su padre, su referente, la persona que le da al niño la confianza básica en sí mismo y en su entorno está teniendo una actitud agresiva hacia él. El niño ante esto se siente indefenso. Una persona más fuerte, un adulto, en este caso un padre o una madre que es el cuidador principal del niño, está teniendo una conducta de ataque hacia él, le hace sentirse indefenso.

Si su madre o su padre le fallan, ¿quién le va a proteger?. Les genera tristeza, frustración y, sobre todo, esto alimenta el circulo de la violencia. Nosotros somos los modelos de comportamiento y actitudinal para nuestros hijos. Cuando nosotros tenemos comportamientos agresivos, gritamos, perdemos la paciencia, nuestros hijos nos están observando y nos imitarán.

gritos

Están aprendiendo que las situaciones en las que nos frustramos o en las que no podemos conseguir lo que deseamos, se manejan con agresividad, gritos o explosiones emocionales negativas intensas.

Alimentamos el círculo de la violencia, porque nuestros hijos en un futuro, y también en el presente, reaccionarán de forma parecida.

Yo sé que cuesta a veces, y que sentimos que la paciencia se nos ha agotado hace varias horas atrás, pero siempre es mejor contar hasta 10, relevarse con otra persona que tenga su nivel de paciencia y tolerancia al 100%, descansar un rato; y darle nada mas que amor a nuestros peques.

 

 

Valentina

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